La superluna, un majestuoso espectáculo que ha maravillado al mundo y que no se verá nuevamente hasta 2034 (si el mundo no se ha acabado ya) no ha caído bien a todo el mundo.

Mientras que en todo el mundo la gente maravillada tomaba fotos de la gigantesca luna, que parecía más cercana de lo que se le ve normalmente (14% más grande y 30% más brillante, para ser exactos), hubo para quienes esto magnificó una molestia que ya es habitual en las noches de luna llena.

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En dos especies en vías de extinción se han registrado efectos nocivos de la luna. En los licántropos y en sus primos hermanos, los jesuitas progres, también conocidos como “jesuitas disfrazados de oveja”.

En las noches de luna llena, ambas especies manifiestan su naturaleza más violenta, y no pueden, como hacen habitualmente, esconder colmillos, hocico, orejas, ojos, garras y, sobre todo y más característico, mal aliento.

La superluna, previsiblemente, tuvo un máximo efecto en estas mutaciones, y no han faltado reportes de algunos publicando artículos rabiosamente en Religión Digital, sin ocultar los colmillos, como es habitual.

“¡Viva el marxismo!”, escribió uno, cuyo apellido rima con “hola”, mientras que otro que se escribe casi como “lacia”, publicó un ensayo titulado “abajo los dogmas”.

Pasada la noche, vueltos a la calma y encajados una vez más en el disfraz de oveja, borraron sus publicaciones y coincidentemente aseguraron que sus cuentas habían sufrido la intromisión de un hacker.

Un espectáculo sorprendente la superluna, ¿verdad?

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